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El 82% de las compañías en España ya se encuentra inmersa en proyectos de transformación digital, según la consultora PWC. La mayoría no ha mejorado de forma evidente su posición competitiva pues muchos de los errores cometidos son básicos, recurrentes y fáciles de evitar. 

1. Objetivos.
El primer requisito para el éxito es establecer unos objetivos específicos de la contribución de la digitalización al negocio, a corto y largo plazo. Muchas empresas no lo hacen y se ciñen al transcurso diario. Separa los dos mundos, el digital y el offline, cada uno con sus propios objetivos, directivos y equipos.

2. Niveles. Invierte en lo digital por 3 niveles; inmediato, centrado en la mejora de nuestro core business; nivel de identificación y análisis de negocios emergentes; y un tercero donde crear nuevas opciones de futuro. Debemos tener claro qué resultados podemos esperar en cada horizonte y el tipo de recursos y métricas a aplicar para cada uno de ellos.

3. Fe. Aunque parezca irrelevante, no son muchos los que creen que la transformación digital y ahbrá que formar en multiples aspectos: negocio, tecnología y personas. El abordarla de forma parcial o incluso en paralelo con los clásicos silos nos garantiza estar muy ocupados en los próximos años, pero en ningún caso obtener los resultados deseados.

4. Utilidad. ¿Cuáles son esos resultados? ¿Cuál es el propósito real de la compañía? Se necesita un propósito útil y claro para la compañía. A ello va unido la falta de una razón auténtica para que sus empleados se levanten y vayan a trabajar cada mañana, algo que va mucho más allá de la simple compensación económica. Y no estamos hablando de la misión y visión que aparecen en el informe anual de la empresa, ni tampoco de un bonito ejercicio de storytelling. Hablamos de un propósito real y diferencial que guíe todas y cada una de las decisiones relevantes, del alma que une a todos los que trabajan en nuestra compañía y que atraerá al nuevo talento.

5. Conocimiento. La ignorancia en el conocimiento real de nuestros empleados, sus perfiles y motivaciones; ignorancia sobre el personal a retener y reciclar; ignorancia en cómo identificar y seleccionar los recursos adecuados e integrarlos en nuestra cultura evitando los mercenarios y oportunistas, y sobre todo, ignorancia del gran gap de capacidades a medio plazo y cómo empezar a atacarlo desde hoy mismo. La guerra mundial del talento está aquí, todos demandamos los mismos perfiles en un mercado donde las barreras entre sectores están desapareciendo y los mejores recursos son transferibles entre industrias y geografías, es importante el conocimiento en tu equipo.

6. Vínculos. Si analizamos las 10 empresas más innovadoras del mundo, siete de ellas son digitales: su elemento diferencial es que son quienes más invierten en innovación abierta; es decir, en trabajar directa y proactivamente con terceros para crear oportunidades de mejora y nuevos negocios.

El desarrollo de nuevos vínculos y formas de trabajo con startups, denominado corporate venturing, requiere importantes cambios en nuestros procedimientos internos, la creación de equipos conocedores de ambos mundos, el corporativo y las startups, una valoración profesional de los diferentes vehículos de colaboración y la paciencia necesaria para una curva de aprendizaje que sin duda debemos recorrer.

7. Compromiso. Importante saber cómo inculcar una cultura colaborativa y motivadora. Para desarrollar una cultura debemos establecer nuestros valores y comportamientos y ser muy activos en su comunicación, formación e incorporación en la compensación, pero todo esto solo implica llevar nuestra cultura hasta un 30% de su potencial, según Collaboratium. Para alcanzar el otro 70% debemos incluir sistemas de inteligencia colaborativa que cambien los procesos de decisión. El objetivo es una cultura colaborativa que permita basar las decisiones en el conocimiento de todos nuestros equipos. A pesar de la gran potencia de las nuevas tecnologías la mitad de la información que afecta a la toma de decisiones no está presente en los sistemas, radica de forma diseminada en el cerebro de todas nuestras personas.

Un último pecado con el que no contabas y resume todo es la soberbia: nos impide creer en la necesidad de un nuevo liderazgo, auténtico, fiel a sus principios, sensible con el cliente, humilde en la gestión de las personas, conocedor de nuestras propias limitaciones y abierto a aprender de los demás.


Fuente: El País